Mañana es mi cumpleaños y pasado es navidad (*)
Mi primer cumpleaños en el verano lo pasamos en Grunewald, yo completamente desnuda. Invité a mis amigos a hacer un picnic en el estanque de las carpas, el karfel noseque del Treptower park casi llegando a Planterwald. Sally me hizo una torta de chocolate de Otollengui, pesadísima, re invernal.
No hicimos la tradicional navidad en Gesell pero hicimos año nuevo en Pinamar con carpita naranja y reposeras. Cruzamos saltando una soguita que decía 2023. Nos íbamos.
El siguiente cumple de verano, lo festejé junto a Lu en una choripaneada-picnic en el parque. Ciento por ciento Berlin. Vinieron Paloma y Tomi. Hice una Käsekuchen que había comido en el cumple fogón con nieve de Laura.
Para diciembre tenía un cuarto gigante para invitar gente. Me hacía mucha ilusión la navidad con nieve. No le conté a nadie, pero estaba muy enojada porque Tito no venía a Berlín a pasar nuestra primera navidad en el hemisferio norte. La pasé con Lu, Juampi y Camilo. Comimos empanadas deliciosas. Volví pedaleando a la madrugada con agua-nieve y desayuné Marquise de Tomi y Cris. Después, año nuevo vegano con castañas. Descubrí que soy de Gryffindor y que puedo volver sola caminando desde Treptower rodeada de cañitas voladoras y fuegos artificiales en las veredas. El primero de enero, bajando del M10 en StrassmanStrabe entendí lo que me habían advertido: es nuevo el año, pero sigue siendo de noche.
Mi siguiente cumpleaños estaba casi-separada en Bologna. Cómo llegué a Bologna empastillada con un ramo de flores de origami en la mano es otra historia. Lo festejé con un taller de poliedros online con madre, hermanas y amigxs, hasta Cande consiguió arcilla y lo hizo. La Käsekuchen la compartí con los compañeros de la pizzería.
Me fui de Bologna a tiempo para llegar al cumple de Lucero: fuego y fiesta isleña multitudinaria. La siguiente navidad la pasé en familia Cebey-Graham, siempre mezclados, porque podemos. Después vino el cumple de la Pioja a desterrar el año nuevo: fiesta y lluvia isleña.
Llegué a la montaña, festejé mi cumpleaños comiendo un brownie al lado de mi piedra en el Passo Valparola. Me regalaron una remera cortita y un chocolate blanco que se cayó atrás de la cama y nunca comí.
Un día volvió el invierno y me encontró en Bologna. En una casa caliente, con guantes y auriculares. Por suerte, existen Milenka y su sillón-cama. Pasamos la navidad en el centro de Zagreb. Es verdad que armamos el taller Álamo, pero sobre todo, tomamos licor de cacao.
Mañana no es mi cumpleaños, pero mi cumpleaños es una medida de tiempo. Cuando sea mi cumpleaños, vamos a estar casi en navidad. Medio año adentro. Estés donde estés.
Acá las caléndulas amanecen congeladas y no creo que sea verano el mes que viene.
(*) Mi cumple es el 15 de junio.
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