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Showing posts from April, 2026

El huemul y la gran nadada

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Tengo las antiparras incorporadas al equipo de playa para nadar un poquito cada vez que voy al mar, uno de los lujos italianos de esta vida nómade. Busqué vagamente un grupo de nado en aguas abiertas pero no encontré nada. Llegó el invierno y me olvidé del tema. Tampoco fui a una pileta, la quedé en las travesías en bici y el crossfit de camarera. Cuando volví al verano isleño, Mili había inventado las clases de natación en el río. Algo hice bien en la vida para tener las mejores amigas.  Meterme al río me encanta, y nadar también, pero tengo miedo a los cocodrilos. En aguas desconocidas nado rápido y me agito. Así que mi objetivo de practicar nado en el río era aprender a nadar calma. Atención con “el recobro”, decía Ceci. Yo me concentraba en arrastrar la muñeca quebrada por la superficie del Sarmiento y me olvidaba de todo. Trataba de nadar lento y constante todas las semanas. Poníamos un andarivel de flota flota, nadábamos una hora y después tomábamos mate con panquequitos de b...

Oda a las amigas.

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Hay que pasar tiempo con las amigas que viven cerca. Y hay que llorar porque no podemos pasar tiempo con las que viven lejos.  Después una amiga que vive lejos te hereda una amiga que vive cerca y así la rueda se sigue armando. Gracias Mariana por Milenka. Gracias Andy por Vanesa. Gracias Martina por Yuyi. Gracias FADU por Tamara. Gracias Carmen por Laura,.  Después de mis hermanas, Tamara fue la primera persona a la que le conté que Tito se estaba desdibujando. Estábamos sentadas en la escalera de Salaborsa y yo vislumbraba un tsunami. Separarse es muy difícil, pensaba. Si recuperarme de la separación de Martín me había llevado un año, separarme de Tito era imposible. Estaba recién casada y recién mudada. Había renunciado al privilegio de la visa alemana y no tenía aún mi permiso de residencia italiano.  La noche que me separé, lo primero que hice fue llamar a Paula. Paula vivía con Martina y aunque no éramos amigas, era la mujer argentina a la que por cercanía me corres...

Horocruxes y reliquias de la muerte

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Cuando terminé de leer el libro del orden de MariKondo, estaba sentada en el comedor de avenida de la Ribera. Cerré el libro y fue impresionante sentir que desde el punto donde yo estaba sentada en la planta baja salían hilos hacia toda la casa. Los hilos me conectaban con cada objeto de la casa con el que tenía una deuda. Lanas para hacer sombreros, papeles para hacer collage, texturas para la arcilla, macetas para reciclar, plantas para trasplantar, envases de tetrapack para hacer un techo vivo en la terraza. Miles de objetos y materiales por las dudas. Deudas. No era un sentimiento lindo; era pesado. Cosas acumuladas me decían que "tenía" que hacer algo con ellas.  Años después vacié por completo esa casa familiar de más de 20 años de historia y confort. Una casa llena de cosas.  Y la vacié con eficiencia absoluta: cada objeto y material tuvo un destino adecuado. Los objetos que representaban la intimidad de mi familia los dividí religiosamente en dos. Mitad para mi, mitad...