El huemul y la gran nadada
Tengo las antiparras incorporadas al equipo de playa para nadar un poquito cada vez que voy al mar, uno de los lujos italianos de esta vida nómade. Busqué vagamente un grupo de nado en aguas abiertas pero no encontré nada. Llegó el invierno y me olvidé del tema. Tampoco fui a una pileta, la quedé en las travesías en bici y el crossfit de camarera. Cuando volví al verano isleño, Mili había inventado las clases de natación en el río. Algo hice bien en la vida para tener las mejores amigas. Meterme al río me encanta, y nadar también, pero tengo miedo a los cocodrilos. En aguas desconocidas nado rápido y me agito. Así que mi objetivo de practicar nado en el río era aprender a nadar calma. Atención con “el recobro”, decía Ceci. Yo me concentraba en arrastrar la muñeca quebrada por la superficie del Sarmiento y me olvidaba de todo. Trataba de nadar lento y constante todas las semanas. Poníamos un andarivel de flota flota, nadábamos una hora y después tomábamos mate con panquequitos de b...